viernes, 10 de junio de 2011

LA TRANSCOMPLEJIDAD


Recopilando información y realizando un pequeño análisis con relación a la transcomplejidad, se puede denotar que en la sociedad actual se observa una mayor exigencia para mantenerse en un nivel óptimo de productividad que refleja la evolución no sólo de las sociedades sino de los esquemas organizacionales, de los sistemas de información y de su aplicación y adaptación a la realidad en todos los ámbitos de la vida humana.
Todo esto requiere de un aprendizaje, actividad que es de por vida y que permitirá a las organizaciones adaptarse a los entornos cada vez más complejos, cambiantes e inciertos donde las personas se agrupan, integran, y comunican profundamente y se comprometen con el proyecto que los une. Se debe tener presente todos los elementos y factores esenciales que integran el sistema organizativo de modo de concatenar las diferentes funciones así como las tareas y lograr las metas propuestas por la organización.
Para profundizar un poco más con relación a la transcomplejidad necesariamente hay que hacer referencia a la complejidad y a la transdiciplinariedad. La complejidad según Morin es cuando el mundo se ve al revés, es decir, pensar complejo es un desafío que permite ver mas allá, atreverse a ubicar dentro de un pensar distinto. También la complejidad se    puede estudiar desde dos puntos de vista. Uno es el de la complejidad científica, nacida en el ámbito de la matemática (Poincaré y sus ecuaciones no-lineales), de la Física (Heisemberg) de la Teoría de Sistemas (Lorente y May, Teorías del Caos), de la Cibernética (The Cybernetic Group). Este paradigma de la complejidad científica obligó a un cambio de enfoque desde una visión determinista de los objetos predecibles superando una visión aleatoria-probalística, hasta una visión caótica, pasando por una visión compleja como fase de transición.
El segundo tipo de complejidad es el planteado por Morín (2003) "como un tejido de constituyentes heterogéneos inseparablemente asociados. Es la dialógica orden/organización. Supone temporalidad, no lineada, aleatoriedad, auto organización, probabilidad para extraer nueva información. Desde este punto de vista la complejidad es una concepción distinta del hombre como sujeto que estudia la realidad desde una perspectiva dialógica. Es una ciencia del hombre y para el hombre. Es una aventura de acción cotidiana con vocación transdiciplinaria, donde los diferentes aspectos del saber están en constante interacción y complementariedad.
La transdiciplinariedad, por su parte, planteada por Morín como el método de la complejidad, proviene del prefijo trans que se refiere a lo que simultáneamente es "entre" "a través" y "más allá" de la disciplina. Implica una idea que es más amplia en perspectiva e, incluso, trascendente. Denota disolución de fronteras e integración de campos de conocimientos, introduce la reflexibilidad. Se puede decir dentro de este análisis planteado por el autor ejusdem que la transdisciplinariedad es el método del pensamiento complejo, la forma forma como se va a desarrollar, es el conjunto de pensadores que da la idea de cómo cambiar las estructuras de las organizaciones.
La investigación transcompleja es entonces, un proceso bio-afectivo cognitivo, pero también socio-cultural-institucional-político de producción de conocimientos, como un producto complejo que se genera de la interacción del hombre con la realidad de la cual forma parte. Este enfoque supera las disyunciones sujeto-objeto, y abre camino a lo interaccional y a lo reticular, como fuentes constitutivas de la realidad compleja. Se enfatiza el momento relacional, de articulación, de coproducción conjunta de la realidad.
En este enfoque investigativo se asume la noción de sujeto de naturaleza propia al individuo viviente. Morín (2003) plantea un principio de identidad complejo que posibilita la subjetividad y la objetivación del ser sujeto. Así como el de identidad colectiva, el de nosotros en relación dialógica: relaciones entre los seres humanos y la naturaleza, observadores participantes y activos en la construcción de la realidad investigada, así como la comprensión de la misma. Se trata de objetivar la complejidad del sujeto que investiga, a la vez que distinguirlo sin apartarlo de aquello que investiga.
La transcomplejidad se vincula entonces directamente con el poder de la energía humana, la conexión de emociones, aspectos cognitivos, el poder del gerente que debe estar enfocado a sus capacidades, autenticidad, el contexto social que vive la sociedad objeto de estudio, la dialógica y su interrelación con la dialéctica, en fin la subjetividad humana.
Objetivar la tarea de pensarse a sí mismo siendo a la vez sujeto conceptuado y objeto conceptualizado, es subjetivarla de manera compleja, no idealista. Esta subjetividad compleja, según Morín (ob cit), integra conciencia, pensamiento y racionalidad; pero también inconciencia, sueño, irracionalidad y mito. Esta dimensión subjetiva se encuentra tanto en el investigador como en el vínculo con el otro, en el otro y en el arsenal de conocimientos y saberes que cada quien posee. Es básico, entonces, en este enfoque, el desdoblamiento del investigador en: (a) sujeto que observa y (b) objeto observado (por sí mismo).
En tal sentido, se asume al hombre como un ser complejo, dotado de capacidad de razonamiento, pero también de motivación afectiva. De acuerdo a Vilar (1998) es una nueva cosmovisión antropo-físico-biológico constituida por una red inmensa de complejidades neuronales, sensoriales, psíquicas y sociales, que se multiplican con el transcurrir del tiempo.
Surge, así, una nueva ciencia transcompleja que pretende entender el mundo a partir de redes y de interrelaciones. El conocimiento, entonces, ha de ser aproximativo y referencial. Desde el enfoque de la nueva ciencia, no hay separación de naturaleza entre los pensamientos y las acciones. Para Valdez (1996), la creación de conocimientos y su validación se convierten en un proceso interdependiente.
Esta ciencia se fundamenta en el consenso y, a la vez, en conflicto que marcha al mismo tiempo, según, Morín (2003), sobre cuatro bases independientes: la racionalidad, el empirismo, la imaginación y la verificación. Para Najmanovich (2001), es la ciencia de la creación, porque la noción de la historia está ligada a la creatividad en un universo evolutivo complejo; en tal sentido es una ciencia de múltiples epistemes cognitivas: comprensión, conceptualización y explicación multicausal.
En este mismo orden de ideas, Lanz (2000) la caracteriza como una ciencia de la complejidad, una ciencia de la diversidad referida a lo múltiple, al pluralismo de la razón, a la diversidad ecológica, cultural, estética. Una ciencia del caos y la indeterminación que rompe con toda linealidad y con los modelos casualistas. Una ciencia de las verdades, que se define heterogénea, una ciencia transdiciplinaria que rompe con los encierros de la lógica de las disciplinas y abre el conocimiento a la inmensidad de las interpretaciones, dando lugar a nuevos territorios poblados de nuevas preguntas.
Definitivamente que la transcomplejidad es ir mas allá de lo complejo, pero este mas allá tiene que ver con el valor que se le da al ser en toda la extensión, lo cual está causando revolución en las instituciones ya que se toma en cuenta a todo ser humano que forma parte de las organizaciones, nadie es menos que nadie, todos son objetos de estudio, y lo importante es saber lo que sienten y padecen estas personas dentro de las organizaciones e involucrarlas directamente a todo lo que acontece dentro de las mismas, no permitir que los agentes externos contaminen las organizaciones, sino que todos sus miembros formen parte de esa evolución de cambio dentro de la organización pero de carácter más personal, siendo su palabra muy importante para la toma de decisiones.